viernes, 10 de febrero de 2017

Un día normal



Ayer la niña Zen cumplió 3 meses y 20 días, una cifra que no tendría ninguna relevancia si no fuera porque también son exactamente 16 semanas, la duración de la baja laboral en este país. 

Sigue haciendo honor a su nombre y pese a ser un bebé poco demandante... sigue siendo un bebé. Pequeña, muy pequeña, que crece tranquila entre mil mochilas y fulares, sesiones de teta a demanda, siestas en brazos y monerías de su hermano que hacen que se parta de risa. Ella necesita estar conmigo, pero yo también necesito estar con ella, su presencia me da mucha paz, su ausencia hace que me ponga alerta. 

El caso es que si yo fuera una persona con un trabajo normal, hoy nuestra rutina habría cambiado. Hoy me habría levantado, habría vestido a mi hija, habría preparado una bolsa con sus cosas y la habría dejado en brazos de una persona que seguramente tendría muy buena voluntad... pero que no es su madre. Y yo me habría ido a trabajar lejos de ella, con un nudo en el estómago y preguntándome si estaría bien. 

En cambio, hoy ha sido un día normal. He limpiado, he ordenado, he desayunado, me he duchado, he trabajado, he cuidado a mi hija, me he ido a por mi hijo a la guarde.... nuestra rutina habitual, pero volviendo a trabajar en la tienda con todas mis ganas. Lo que se ha salido de la normalidad ha sido la forma en la que miraba a la Niña Zen. Cuando ya me estaba haciendo a la idea de que ya no es una recién nacida e inevitablemente se está convirtiendo en un bebé divertidísimo, he vuelto a ver lo increíblemente pequeña que es. 16 semanas, si apenas tiene las primeras dosis de las vacunas y solo se alimenta de leche materna, como alguien puede pensar que esto es "suficiente"?

Hoy, todas las horas de trabajo delante de un ordenador, la falta de horarios, el contestar mensajes hasta los fines de semana, el pasarme 12 horas al día sola, los meses en los que apenas cobro o directamente no cobro nada, el no poder permitirnos muchas cosas, todos los esfuerzos y momentos de agobio....hoy TODOS han valido la pena. Porque hoy, la Niña Zen y yo hemos tenido un día normal. Juntas. Y lo que nos queda.

domingo, 22 de enero de 2017

El terro y la niña Zen



Hace un par de años dediqué la primera entrada del año a mi por entonces novio y actual marido. Este año, creo que la primera entrada tiene que ser para ellos. 

El terro.... Mientras se abría el navegador, pensaba yo en qué se había convertido el terro desde la última vez que os hablé de él. Mi conclusión es que no se ha convertido en nada, el terro simplemente ES. Con 2 años y medio sigue siendo ÉL con toda su esencia: intenso, imparable, cabezota, inteligente, divertido, cariñoso, inocente, curioso y amoroso. Vivir con él significa vivir en un constante nivel de intensidad que te hace pasar del cabreo a la risa, de la desesperación a la ternura, del aburrimiento al "por dios estate quieto 5 minutos", del "mira que listo mi niño" al "por dios, será posible que no tengas una sola idea buena?"

El año pasado fue duro para él. Hemos pasado 9 meses en Mordor, ese bonito sitio en el que no hay mucho que hacer, yo con mis nauseas y mis ciáticas y mis bajadas de azúcar y mi actividad nivel "solo quiero sobrevivir hasta que llegue Tarek a casa". El, aburrido y distrayéndose como podía. No me siento orgullosa, la verdad. Pero si me siento orgullosa de su capacidad de adaptación, que ha sido una maravilla desde que nació. También me siento orgullosa de su enorme capacidad de querer a todo el mundo, en particular a su hermana. Su hermana es su pasión y no hay disgusto que no se le pase estando con ella.

Mi niña zen en cambio parece que nació avisada, que para sobrevivir con filosofía a la altísima intensidad de su hermano, lo mejor es tomarse las cosas con calma. Mucho tengo que aprender yo de semejante miniatura de 3 meses, que casi nunca protesta por nada y solo reparte sonrisas por doquier. 
Ella es el balance perfecto entre la enorme tranquilidad que proyecta y transmite (cogerla en brazos tiene un extraño efecto valium) y la exigencia clara pero calmada de sus necesidades. Eso si... osa ignorarla demasiado y sabrás lo que es una protesta en condiciones. Estoy orgullosa de que mi hija, tan pequeña, ya sepa como exigir su lugar cuando abusamos de su paciencia.

El terro fue un bebé que se me escurría entre los dedos, parecía nacido para infundir confianza a una madre primeriza con muchos problemas y mucho estrés. Grande, fuerte, creciendo por momentos, sano como una manzana, creo que jamás nos ha dado apenas quebraderos de cabeza. La niña zen en cambio es mi bebé casi eterno, la que crece despacio y me deja besarla, disfrutarla, achucharla y abrazarla hasta el infinito. El terro quería ver el mundo, la niña zen también, pero desde el portabebés de su madre, para que yo disfrute. Ella ha tenido la mala suerte de nacer en otoño y de tener un hermano mayor que va a la guarde, pero a cambio tiene unos padres con un poquito más de experiencia y paciencia de lo que tuvo su hermano. Hay que verle lo positivo a todo, y no me cabe duda de que si ella fuera más mayor también lo haría.

Mis 2 hijos, tan parecidos en apariencia y tan distintos entre si. A los que se les quiere tanto, tanto, tanto, de manera tan diferente pero con la misma intensidad. 

Que curioso es esto de la bimaternidad. 

sábado, 31 de diciembre de 2016

Querido 2016...




Teniendo en cuenta que me quedé embarazada de MN a finales de enero, mi 2016 pasará a la historia como el año que:

- Más veces he vomitado en mi vida, con diferencia.
- Me fundí una cantidad indecente de dinero en Caribán
- Engordé 17 kilazos... de los que de momento solo he perdido 9.
- He descubierto el bonito dolor de la ciática
- Supe lo que es parir a mi rollo, en 3 horas y 45 minutos y con cero sufrimiento.
- Disfruté, por última vez, de tener a una preciosa recién nacida en brazos.
- Hice por primera vez una adaptación a la escuela infantil con PF, que lo puso espectacularmente fácil.
- He sabido lo que es un ingreso conjunto en pediatría
- Me fui de vacaciones sin Tarek pero con mi madre y no nos tiramos de los pelos.
- Me tomé una sidra con Eva
- Me saqué el curso de asesora de pañales de tela. 
- He acabado hasta el moño de frio, agua y nieve.

Al 2017 no le pido nada, AFIRMO que será en año en el que:

- Volveré a ser yo. Lo cual incluye volver a un peso decente que implique no morirme de vergüenza cuando me visto para salir a la calle.
- Todos los proyectos laborales acaben por consolidarse como deben (Rise like a Phoenix baby)
- Volveré a ver a mis amigos. Con frecuencia y con buenos ratos.
- Me iré con Tarek a ver un concierto en condiciones. System of a Down para más señas.
- Disfrutaré de mis hijos. Sin culpas por no disfrutarlos más.
- Seré feliz.

We have got to fly to stay alive.

Feliz año nuevo a todos, y que disfrutéis de lo que venga.


sábado, 5 de noviembre de 2016

Cuando el amor te sobrepasa



Creo que es uno de los temas más trillados en esto del embarazo y la crianza... la duda de absolutamente todas las embarazadas que se lanzan a por el segundo y que se preguntan si querrán a ese bebé tanto como al primero. 

Siempre nos dicen que cuando tengamos a ese segundo bebé en brazos nos daremos cuenta de que el amor no se divide si no que se multiplica. Doy fe. 

Llevo 17 días de amor multiplicado por 2. 17 días en los que he pasado por la euforia, por el sentimiento de madre desastre que no entiende a su bebé, por el pánico absoluto a que les pasase algo malo. 17 días redescubriendo a PF, 17 días enamorándome hasta las trancas de su hermana pequeña. 

He descubierto que no se parecen en casi nada. Que incluso con 2 bebés muy diferentes, la segunda maternidad te da una calma y una capacidad de disfrute que no tenía en la primera. Que yo, que pensaba que con una niña sería bastante menos "blanda" que con un niño (chorradas que llega a pensar una), tengo un sentimiento de protección brutal hacia esa cosa pequeñita y tranquila que ha resultado ser mi Mininerfertari. También me ha sorprendido comprobar que en el parto del segundo vástago te sale un segundo par de brazos de algún sitio y consigues hacer cosas que pensabas que eran imposibles. 

Pero sobre todo he descubierto que el amor multiplicado por 2 a veces, sobrepasa. Y te encuentras acostando a tu mayor y disfrutando de su abrazo a la vez que echas terriblemente de menos tener encima a tu bebé. Tanto, que te dan ganas de llorar. Porque nunca pensaste que podrías querer TANTO a tu hijo, ni a tu hija, ni a tu marido. Que todo el mundo te dice que cuando llega el bebé todo es una locura, pero a ti lo único que realmente te vuelve loca es no tener espacio para abrazar a todos a la vez. 

Va a ser que esto de la bimaternidad me está gustando. Mucho. 

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Sillas a contramarcha: Mi hijo llora en el coche


PF el día que estrenó su Klippan Kiss 2. Aquí se acabaron los llantos. 

Hoy es el día internacional sin muertes en la carretera. Y también es es el día elegido por niunpequemasenpeligro.com (una web que si no conocéis ya, os invito encarecidamente a visitar) para concienciar a los padres de la absoluta necesidad de llevar a nuestros hijos en sillas a contramarcha hasta mínimo los 4 años, y acabar con los mitos que hacen que no nos atrevamos a "pensar al revés". 

Cuando se habla de llevar a los niños a contramarcha hasta los 4 años, lo normal es que los padres se hagan una serie de preguntas tales como "y donde meten las piernas, no van a ver nada, etc". Hay otros padres que, desesperados por el llanto de sus hijos, deciden cambiarles a una silla a favor de la marcha esperando que eso solucione el problema y sin saber que de esta forma les están poniendo gravemente en peligro. 

Yo esto lo viví. PF siempre había llorado en el coche, pero a partir de los 3 meses empezó a ser insoportable, no había manera de hacer ni un solo trayecto de 5 minutos sin que llorara hasta casi ahogarse. Recuerdo un día en el que tuve que parar el coche a unos 10 minutos andando de casa y pedirle a Tarek que viniera a por él andando, porque yo era incapaz de seguir conduciendo mientras el enano gritara de esa forma. Por esa época más o menos y gracias al post de Una mamá a contracorriente fui a Todonenes, donde nos enseñaron la importancia de este tipo de sillas. En lo que ahorramos para la silla elegida optamos por buscar otra solución, porque para mi era imposible seguir conduciendo con el pobre PF pasándolo tan mal. 

Nos prestaron 2 sillas: una silla grupo 1 a favor de la marcha bastante antigua, que PF probó en el salón de casa y que le hizo mucha gracia, y un maxicosi de Bebéconfort algo más grande que el que teníamos nosotros. Por entonces tenía unos 5 meses, y si.. por peso podría haber ido en la silla grupo 1 a favor de la marcha, pero yo le ví ahí sentado, tan pequeño, mirando hacia delante, me imaginé su cabeza en un accidente.... ni de broma, ahí no le llevo ni 5 minutos (luego descubrí que las sillas caducan a los 10 años y que desde luego usar esa era una mala idea). Nos quedamos con el maxicosi nuevo y durante unos días cesaron los lloros. Apenas un mes después volvimos a estar en la misma situación y ya fue cuando compramos su Kiss 2, en la cual poco a poco se nos fueron pasando todos los males. 

Resumiendo: En su primer año de vida mi hijo había viajado en 3 sillas diferentes, todas a mirando hacia atrás y el problema de los llantos se solucionó cuando, al fin, viajaba en una silla grupo 0-1 a contramarcha pura. Si la clave, como es evidente, no estaba en la dirección, qué es lo que ha solucionado el problema? Pues muy fácil, el resto de variables que si han cambiado, la silla y su edad. 

Por un lado, a veces lo que necesitan es simplemente crecer. Es normal que un bebé pequeño que busca constantemente nuestro contacto, proteste en forma de llanto cuando le sentamos en una cosa relativamente dura, que no transpira nada de nada (las sillas de coche son inífugas y por tanto dan calor), atados con un arnés y lejos de nosotros. Poco a poco, según crecen y se distraen con otras cosas, esto empieza a mejorar. Aquí también entra el factor vistas, y es que cuando crecen lo suficiente como para mirar por la ventanilla y la luna trasera (cosa casi imposible en un maxicosi, pero relativamente fácil de conseguir en una silla en condiciones) no solo es que se distraigan, es que supongo que la sensación de estar encerrados disminuye bastante. 

En nuestro caso nos dimos cuenta de que también jugaban en nuestra contra 2 factores:

- La comodidad de la silla: El primer maxicosi no tenía precisamente mucho acolchado y supongo que llegaba a ser bastante incómodo. El segundo es particularmente estrecho de hombros, hasta el punto de que PF con 5 meses cabía a duras penas. En cuanto tuvo una silla en la que estaba mucho más a gusto y tenía espacio, se acabó el problema. 

- La inclinación: PF no soporta ir excesivamente inclinado, y el maxicosi no ayudaba nada. Una silla como la Kiss 2, con 3 inclinaciones diferentes que se pueden cambiar sin desinstalar la silla fue absolutamente perfecta para nuestro problema. 

Así que por suerte y gracias a un buen asesoramiento, no caímos en el error de pensar que lo que hacía que dejara de llorar fuera la dirección de la silla, y pudimos comprobar que lo que soluciona el problema ES LA SILLA EN SI. Las sillas ACM puras suelen ser bastante más grandes, amplias y confortables que un maxicosi, los niños ven perfectamente por la luna trasera y nosotros les controlamos sin problemas con un espejo. Y lo más importante, a contramarcha es la ÚNICA FORMA SEGURA de llevar a nuestros hijos en coche hasta mínimo los 4 años.

Quieres más información?

- www.acontramarcha.com: Portal con un montón de información sobre las sillas a contramarcha. 
- Retensión Infantil.org: Un blog que es una joya y que resolverá todas tus dudas
- Que todos los niños vayan a contramarcha (por favor): Página de Facebook sobre el tema. 
- A contramarcha salva vidas: Un grupo de Facebook donde encontraréis todo el asesoramiento que necesitéis para elegir la silla que mejor se adapte a sus necesidades. 




viernes, 16 de septiembre de 2016

Animales, vacaciones de verano y tenencia responsable

Por primera vez en muuuuuuchos años, me he ido de vacaciones a un sitio que no sea la casa que teníamos en Benidorm. El tener casa propia solucionaba bastante el hecho de viajar con perros, ya que generalmente con meterles en el coche y llevártelos tenía el problema solucionado. Digo “bastante” y “generalmente” porque en mi caso la decisión de poder llevarme  los animales o no, dependía siempre de SantaAbuela, que es una obsesa de la limpieza y totalmente capaz de encontrar un único pelo en cualquier superficie. Eso, y que no hay ciudad peor para llevarte un animal de vacaciones que Benidorm. Pobrecillos, se pasaban el día estresados.

Este año, como yo me fui con PF y SantaMadre pero Tarek se quedó en casa, pues los perros también. Durante los días que Tarek estuvo de visita se quedaron en un albergue – residencia que está a 5 minutos de casa, así que todo perfecto porque conocen la zona. Mis perros se lo suelen pasar como enanos en los albergues, así que por ese lado estábamos tranquilos.

Que porqué cuento todo esto? Porque el verano parece ser siempre la época de “deshacerse” de las mascotas. Las personas con 2 dedos de frente buscamos soluciones para estos casos, pero muchas otras, sobre todo las que se hicieron con el animal por un impulso, suelen acabar abandonándolas durante esta época. Si a eso le juntamos que casi nadie adopta en verano porque “ya mejor cuando pasen las vacaciones” pues para los pobres animales es una mala época.

Yo en cambio considero que las vacaciones pueden ser un momento estupendo para incluir al nuevo miembro en la familia. Los días son más largos, las noches empiezan a ser agradables, salir a pasear no nos da pereza y no caeremos en el error de mantener al perro en casa y no dejarle socializar y descubrir su nuevo hogar… Además, si tenemos unos días libres o jornada continua, podremos poner en práctica buenos hábitos desde el principio para evitar la ansiedad por separación y no tener un perro que sufra cada vez que nos vamos de casa. Todo ventajas si sabemos aprovecharlas.

En cuanto a las formas de adquirir un animal, por suerte, la legislación avanza y ya tenemos el proyecto de ley que prohíbe que los animales sean expuestos en las tiendas para evitar así la compra impulsiva. Personalmente sabéis que siempre he defendido y defenderé la adopción por mil motivos, pero hay un amplio porcentaje de gente que sigue prefiriendo la compra generalmente por buscar una raza concreta por motivos sentimentales, de alergias, etc. La ley en ese caso contempla que los animales se elijan “por catálogo”, cosa que no me acaba de convencer ya que es casi una elección a ciegas. Igual que no elegimos pareja por catálogo, no lo hagamos con un ser vivo que nos va a acompañar durante muchos años, además de que en muchos casos son animales criados en condiciones horribles y que llegan en un estado de salud deplorable. Si estás pensado comprar un cachorro a través de internet te puede ayudar unas de los sites que encontré investigando para este post, se llama el  Portal del Criador, me pareció interesante que un portal especializado  en la compra y venta de mascotas (perros y gatos) le diera tanta relevancia a que los animales contaran  con las garantías de  criadores profesionales y que uno de los puntos que más cuidaban era la TENENCIA RESPONSABLE, ya que muchos de los criadores evalúan la idoneidad del propietario antes de adquirir al animal, y no realizan ventas en periodos sensibles como Navidades, precisamente para evitar el abandono. Esto a mí me parece muy positivo ya que la venta de animales siempre va a estar ahí, es importante que existan canales concienciados, serios y responsables.


Yo solo he participado en la compra de un animal una vez (no lo compré yo, era una expareja) y teniendo en cuenta todos esto aspectos (Criador serio, garantías de salud, evaluación del propietario) fue una experiencia muy bonita y se que Burton y su dueño vivieron una vida muy feliz e intensa hasta que el perro falleció. Además me consta que ese perro ha viajado más que muchas personas que conozco, así que si se quiere, se puede.

Y tu? Tu mascota llegó en un periodo “fuera de lo habitual”? Optaste por comprar? El criador te dio alguna garantía? 

jueves, 15 de septiembre de 2016

El otoño y el Karma



Que esto, más que una visita de mi prima Murphy, ha sido un mal Karma. El de una cantidad nada desdeñable de gente acordándose de toda mi estirpe, para ser concretos. 

Recordáis como hace un par de días salíais a la calle en sandalias, manga corta y disfrutabais de un calor nada habitual en pleno septiembre? Pues mientras tanto yo estaba en mi sofá, con un ventilador delante, una barriga de 33-34 semanas de embarazo (hoy hacemos 35! yuhu!), muerta de calor y bramando en arameo. Que si, que ya se que es muy divertido lo de joderme los cálculos, esto ya era pasarse. 

Cuando nos dio por aquello de ir a por el segundo planificamos que el vástago no naciera en diciembre, pero tampoco en septiembre y me pasara el verano con un barrigón de embarazo casi a término. Teniendo en cuenta que mi FPP es el 20 de octubre, concluímos que el cálculo nos había salido bastante bien, todo esto basado en nuestra experiencia de lo que dura el verano en Mordor, es decir nada y menos. Yo contaba que, al igual que el año anterior, a mediados de agosto volvería a dormir con manta y salir a la calle con chaqueta de noche. Si añadimos que el 20 de agosto nos íbamos 10 días a visitar a nuestra querida Eva a Asturias, pues era blanco y en botella. Yo NO iba a pasar demasiado calor en agosto, y en julio, total, con 24-28 semanas todavía se soporta bien. 

Llegó julio, y con ello la noche más calurosa desde 1920. Yo podría haberlo tomado como un aviso, pero no.... esto no era nada que 2 ventiladores no pudieran arreglar. Luego vino agosto, y mientras pasaba las tardes (el ratito entre las 3 y las 6 de la tarde para morirse) resoplando y quejándome amargamente, contaba los días para nuestro viaje a Asturias y me aseguraba a mi misma que a la vuelta ya tendríamos el fresco habitual mordoriano sobre nuestras cabezas. Cuando Tarek me advirtió la última noche (el solo vino un finde, que tenía que trabajar, yo me fui con SantaMadre) que me preparara, porque Madrid en general y Mordor en particular no habían bajado sus temperaturas ni medio grado, yo no me lo quería creer. 

Llegó septiembre. Venga va, no vamos a pretender que el mismo día 1 la cosa mejore El día 5 debatía en Facebook con aquellas que estuvieron embarazadas en el verano del 2015, cada una convencida de que su verano fue peor (objetivamente el suyo tuvo temperaturas más altas, pero este ha durado bastante más). Seguían pasando los días y yo soltaba mi frustración con todo el que quisiera escucharme: Que en que buena hora se me ocurrió a mi que no iba a pasar tanto calor, que estaba harta, que tenía que llegar el otoño ya... La gente me consolaba diciendo que eran 2 días y que seguro que las temperaturas bajaban.... NO ME SIRVE, QUIERO UNA PUÑETERA TORMENTA. 

Y por fin llegó el martes 13 de septiembre, ese en el que oficialmente las temperaturas se desplomaban. Me levanté contenta e ilusionada, como si fuera el día de navidad.

Y efectivamente las temperaturas bajaron. Y yo pude vivir sin ventilador, me puse unos vaqueros, manga larga, e incluso creo que me tomé un te sin tener que ponerle kilos de hielo para no morir. Y esta tarde me fui a un pueblo más mordoriano todavía dar una charla de BLW. Que guay, iba conduciendo con música y sin tener que poner el aire acondicionado a todo trapo. 

Hubiera sido mi particular día de navidad si al salir de la charla no hubiera visto a 2 niñas señalando a mi coche mientras me subía. Arranqué y enfilé hacia casa con la mosca detrás de la oreja, no queriendo ni mirar no fuera a ser que aquello que sospechaba se hiciera realidad. No me quedaba muy claro si realmente había sucedido lo que yo no quería creer que había sucedido, o si esas sensaciones raras eran porque la calle estaba fatal asfaltada. Justo antes de entrar en la carretera me paré en el arcén y miré. Efectivamente....

HE PINCHADO UNA RUEDA.


Ahí estaba yo, en Mordor del norte, a las 20:30 de la noche, a punto de oscurecer, sin saber muy bien como decirle al señor de la asistencia en carretera donde me encontraba, con mi barriga de 34+4 semanas de embarazo.... Y CON UN FRÍO DE PELOTAS. 

No, no hizo falta que me lo dijera nadie. No querías frío? Pues toma 2 tazas. Gracias, mensaje recibido, no volveré a quejarme por la temperatura nunca más.