lunes, 27 de junio de 2016

Primer trimestre de embarazo, o como no cumplir ni una sola expectativa nunca jamás de los jamases



Y ahí estaba yo, con mi test positivo en la mano, sintiéndome tan normal como siempre, apoyada contra la pared del pasillo y pensando en el embarazo de PF y como me gustaría que ésta vez todo fuera una experiencia diferente.

Recordé todas las semanas vomitando, el ingreso en el hospital en el cual vomité en la puerta de urgencias a los 10 minutos de darme el alta, las noches sin dormir (una en particular la tengo grabada) por el ardor, los desmayos, los 30 kilos que engordé y de los cuales quedaban unos cuantos.... y me prometí que esta vez la cosa iba a cambiar. Que me iba a encontrar bien, que me iba a mantener activa, que no iba a engordar, que iba a hacer algo de ejercicio y seguir comiendo bien... resumiendo, que en este embarazo iba a estar FELIZ y lo iba a vivir de otra manera. Estaba de 5 semanas en ese momento, me encontraba genial y solo quería seguir así.

El sábado siguiente, estando de 6+2, y una hora antes de que Tarek fuera a buscar a su madre al aeropuerto (venía a pasar un mes) le pedí llorando que por dios, que se fuera a la farmacia a por Caribán. Vuelve, abro la caja, me encuentro el blister vacío. Tarek vuelve a la farmacia a toda leche a que se lo cambien. Ahora si, me tomo la primera pastillita. Algo hace, y es lo único que me hace sobrevivir las siguientes semanas, y digo sobrevivir, no encontrarme bien.

El día que cumplo 9 semanas tengo la primera cita en el hospital. "Como estás?" "Pues mira, desde ayer he vomitado la comida, la cena y el desayuno, es decir, lo que he comido antes de venir es lo primero que retengo en 24 horas". 

Me hacen una eco rápida, es uno y está bien, con buen latido y buenas medidas. Se me cae un peso ENORME de encima. Todos los miedos que no tuve en el embarazo anterior los tengo en este.

Paso los días en el sofá, comiendo lo que puedo, que muchas veces es únicamente melón o patatas cocidas. No vivo, sobrevivo. No estoy activa, no estoy feliz, salir de casa es un sufrimiento y la hora de la comida más todavía. Vomito mínimo 2 veces diarias, a veces después de muuuuchas horas de dolor de estómago. Cuidar de PF y llevar la casa y la tienda es un reto y prácticamente me dedico a arrastrarme entre una tarea y otra.

En la semana 10 tengo la primera cita con la matrona. No me encanta pero al menos me parece decente. Le pido que no me pese, me dice que bajo ningún concepto. Le digo que vale, pero que de espaldas. "Quieres que te regañe directamente?" "Pues mira, como no eres tu la que se siente como el culo cada vez que se mira al espejo o se pone un vaquero, mejor te lo ahorras". Se rie. Si es que tenía que haberlo visto venir.

En la semana 12 tengo al fin la eco importante, en la que solo pido 2 cosas:

1. Que tenga latido y esté bien
2. Que el pliegue nucal sea menor que el de PF (2,99. Por encima de 3 se considera marcador de síndrome de down).

Y las 2 se cumplen. Todo está perfecto, y mini-loquesea tiene un pliegue nucal de 1,6, ínfimo comparado con su hermano. El gine que me hace la eco se ha propuesto atravesarme con el ecógrafo y me ha hecho un daño de narices (además de darme mis resultados de los análisis a través de una mampara y no mirarme a la cara, en fin) pero me voy contenta. "Se ve lo que es?" (pregunto con ninguna esperanza y solo para evitar que Tarek me asesine según salimos por la puerta, porque él quiere que pregunte a toda costa). "Pues creo que una niña, pero no me hagas mucho caso" Vamos, resumiendo, que no ha visto nada.

Me receta Primperán para ver si mejora el tema vómitos. Me sienta bastante bien, pero por ir adelantando la historia, al tercer día me da una reacción cruzada y me da tal debilidad muscular que no puedo mover los brazos y a duras penas las piernas. Dejo la medicación y me quedo solo con Caribán, mientras sigo vomitando.

Conclusión:

Somos una pareja que ha tenido la suerte INMENSA de acertar 2 veces a la primera, y que ambas veces sean bebés sanos. Pero debe ser que, como todo se tiene que compensar en esta vida, yo paso los embarazos sufriendo. Esta vez no me consuela nada, porque ya se lo que es, lo que me queda, lo que me va a tocar y que poca solución tiene. Cada vez que alguien me dice "has probado....?" me pongo de una mala leche inmensa (35 semanas vomitando en el anterior +  las que llevo en este, me ha dado tiempo a probar muuuuuchas más cosas que tu, seguro). Así que otra de las cosas que tengo claro es que este será mi segundo embarazo y el último, porque no me siento con la capacidad de vivir esto otra vez. La última vez lo achacamos al estrés de la situación en Cairo, etc, pero ahora vivo en la montaña rodeada de vacas, así que está claro que no es el mundo, soy yo. Que no es mi destino disfrutar de un embarazo, así que aguantaré como pueda... y disfrutaré de mis hijos, que es mucho más divertido.

viernes, 24 de junio de 2016

Buscar el segundo


Creo que es la decisión a la que más vueltas le hemos dado desde que nos casamos. Y es que lanzarse a repetir ha sido infinitamente más difícil que decidirnos a tener el primero. Voy a intentar por todos los medios hablar de la decisión tal y como fue, sin tener en cuenta todas las incógnitas ya despejadas a mis actuales 23+1 semanas de embarazo. 

Yo soy hija única y tenía claro que no quería que mi hijo lo fuera. Tarek en cambio es el pequeño de 3 y decía que solo no se está tan mal. El votaba por una diferencia de edad de unos 4 años, yo le decía que lo que me faltaba es volver a empezar cuando PF fuera ya medio independiente. El quería tener una estabilidad laboral mayor, yo argumentaba que la seguridad total no existe y que total, peor que cuando nació PF no íbamos a estar.... En fin, que parecía que no nos íbamos a poner de acuerdo nunca jamás. Así que dividimos los pros y los contras en motivos coherentes y motivos absolutamente chorras, a ver si eso arrojaba algo de luz. 

Motivos coherentes:

- La diferencia de edad: Aunque Tarek estaba convencido de que era mejor que PF fuera algo más mayor y autosuficiente, yo afirmaba que a menor diferencia de edad, mejor relación. La conclusión final fue que basar la posible futura relación entre ambos por la diferencia de edad era una chorrada porque seguramente no tenga nada que ver. 

- Mi edad: Tenía 31 en ese momento. Joven para las estadísticas, pero con fecha cercana de fin para mi. Porque yo lo siento, pero mi decisión personal es que con 35 años me planto. Y como valorábamos la posibilidad de tener un tercero, o tenía el segundo ya o no daba tiempo ni en broma. 

- El realismo: Llamadme gafe, oscura, ceniza o lo que os de la gana, pero yo creo que es ser realista. PF fue fruto del primer intento serio de búsqueda. Cuantas posibilidades teníamos de volver a repetir un embarazo sano y viable a la primera? Yo contaba con la posibilidad de que podía no ser así, y que ese tiempo también había que tenerlo en cuenta. 

- Las ganas: Que yo quería otro y punto y fin. Y Tarek también, lo que pasa es que el no lo reconocería jamás a no ser que le pusieran la situación ideal en bandeja, esa que no existe. 

- La lactancia: Este era un motivo coherente pero hacia el lado contrario, y es que yo me moría de la pena si PF no llegaba a los 2 años de LM y me daba mucho miedo la sensibilidad en el embarazo, la bajada de producción, directamente que no quisiera.... Por entonces PF tenía año y medio. 


Motivos chorras:

- Me daba una pereza enorme tener un bebé que ya coma de todo, esté a punto de dejar el pañal y casi casi le pueda dejar al cuidado de otra persona de noche para volver a empezar. Que al menos el lapso entre uno y otro fuera pequeño. 

- No tengo ninguna gana de parir ni en diciembre, ni en enero, ni en verano (junio, julio, agosto y septiembre). En el caso de diciembre y enero es que me da penita que el cumple se junte con las fiestas. Lo del verano, es que no me apetece nada de nada tener un barrigón enorme en pleno calorazo, que ya tengo bastante con ser hipotensa y sobrevivir. 

Con todos estos puntos, absurdos o no, nos plantamos en noviembre -  diciembre, con PF con 18 - 19 meses, yo a poco de cumplir los 32 y con las fechas metiendo prisa. Cuando finalmente confirmaron que Tarek seguiría teniendo trabajo durante un periodo de tiempo relativamente largo, finalmente le convencí. A finales de diciembre estaba instalando esa APP tan chula que tan bien me predice las ovulaciones y que con PF dio un resultado excelente. 

A principios de febrero estaba convencida de que NO habíamos acertado, depre y decepción incluida. Un 9 de febrero, de camino a un taller de porteo, me di la vuelta y volví a casa a por tampones porque estaba TOTAL Y ABSOLUTAMENTE SEGURA de que me estaba bajando la regla. Un viernes 12 estaba de camino a casa de una amiga a recoger un test de embarazo porque la susodicha seguía sin aparecer y yo no he tenido un retraso en 20 años. Ella me hizo un test de ovulación para confirmar su propia teoría, y no me dio el resultado, pero vamos, que era evidente. Ese mismo viernes 12 por la noche, porque fuimos incapaces de esperar al día siguiente, hicimos el test de embarazo, que dio un positivo alto y claro en apenas unos segundos, a diferencia de el de PF que era una minisombra que había que adivinar. 

Pues nada, como suele suceder en mis embarazos, mi intuición es una mierda. Positivazo al canto, y PF sería hermano mayor al rededor del 20 de Octubre de 2016. Para entonces tendrá exactamente 2 años y 5 meses y medio. El cálculo temporal nos había salido de lujo, ahora tocaba cruzar los dedos y esperar que todo fuera bien. 

martes, 10 de mayo de 2016

La tormenta



Mi tormenta no ha terminado. Ahí sigue. Tras haberse convertido en algo muy semejante al Huracán Katrina, que casi arrasa con todo, va amainando. Digamos que está como el cielo madrileño de hoy, gris panza de burro. Pero ya hemos dado un paso importante respecto a la última vez que me pasé por aquí, y es que sabemos que ha habido una tormenta. 

Sabemos que desde el 14 de agosto de 2013 hay una herida que no cicatriza. Y que se reabre cada poco tiempo, porque hay muchas cosas que vi venir, que predije, que temí... y que veo que se convierten en realidad. También sabemos que los matrimonios que han pasado juntos por semejante mierda a veces tienen que destruirse mutuamente para poder reconstruirse. 

Sabemos que las colas en asuntos sociales, en extranjería y en mil sitios que nunca habría querido pisar te hacen desconfiar del mundo de por vida. 

Sabemos que la montaña es un sitio maravilloso en verano pero duro en invierno. Y que a mi el aislamiento a lo mejor no me viene tan bien como pensaba. 

Sabemos que aunque soy incapaz de separarme de PF, antes o después tengo que salir de casa a hacer algo. 

Sabemos que pasar 11 horas al día sola con un niño y 2 perros es duro de pelotas. Y si tienes 3 trabajos a la vez, más. 

Sabemos que un embarazo chungo a nivel físico y mental a veces es complicado de superar. Que pensar que seguro que fue casualidad y que el siguiente será mejor era, llamémoslo así, optimista. Ahora se que tener 2 exactamente iguales te da ganas de meterte en una cueva y salir allá por invierno. 

Pero también se que ni mi marido, ni PF que cumple 2 años mañana, ni su herman@ que nacerá a finales de Octubre se merecen que su madre no luche por salir de la tormenta. 

Y hasta aquí el tema, de momento. Mañana volveremos a las cosas bonitas y agradables de la vida, como el cumple de PF, o lo tremendamente hasta las narices que estoy de vomitar. 

Me voy a comprar un chubasquero. 

domingo, 31 de enero de 2016

Gracias



Solo una entrada rápida para agradeceros los mensajes, los Whatsapps, los mails y los comentarios. Perdonadme si no os he contestado, pero es que de momento no me apetece hablar del tema. Si os digo que estoy bien, y que le estoy dando vueltas a la solución, por la cuenta que me trae. 

Os echo de menos una barbaridad, pero tengo que volver a encontrar mi hueco en esta blogosfera que a día de hoy me cuesta reconocer. 

Gracias de verdad a los pocos que quedáis por aquí. 

jueves, 31 de diciembre de 2015

Mi muchedad


Llevo semanas planteándome si venir a hacer un balance de fin de año o no. Por un lado, porque dudo mucho que quede alguien que lo quiera leer, y por otro porque me gustaría acabar este año de otra forma. 

Lo reconozco, me cuesta mucho pasar por aquí. Es cierto que por un lado es falta de tiempo, pero por otra, es falta de humor. Este rincón, que ha servido para desahogarme y reirme a partes iguales, nunca pretendió ser un sitio serio. No quiero venir aquí a quejarme, ni a contaros un día a día que apenas tiene ciertos tonos de gris. No quiero entradas insulsas, ni quiero escribir por escribir. 

Llevo meses intentando indagar qué me pasa, intentando descubrir el problema, Será que Murphy me ha abandonado y le echo de menos? Será que no estoy hecha para la vida en Mordor? Será que el día que me hizo volver a España me ha cambiado para siempre? Será que no sirvo para ser madre a tiempo completo? No lo se, lo único que se es que las veces que me río con ganas ya no son habituales, son una excepción. 

Lo de madre a tiempo completo suena a broma. Tengo un negocio, sigo dando clases, tengo una casa que mantener y un niño al que cuidar. De hecho, me paso el día, literalmente, trabajando. Y me gusta lo que hago, me gusta asesorar, me gusta estar en casa y cuidar de mi hijo. Pero me falta la adrenalina. Me falta ser adulta. Me falta la música. Me falta vivir. Me falta tanto, que ayer volví a escuchar música en un equipo en condiciones, descubrí acordes de teclado en los que no había reparado hasta ese momento, y me puse a llorar. Creo que solo alguien muy friki puede entender algo así. 

Si mi hijo no me hace feliz? Por supuesto que si. El bicho es cariñoso y divertido como el solo, hace un mes ha empezado a comunicarse con más claridad (sigue sin hablar) y es para troncharse de la risa. No puedo quejarme ni un solo segundo de lo que me ha tocado en el mundo de la maternidad. Tengo un hijo guapísimo, listo, cariñoso, que come bien, que duerme bien y que no se pone malo casi nunca. Un chollo, vamos.

Respecto a Tarek, tampoco tengo derecho a queja. Ya tiene su NIE, ya tiene trabajo relativamente estable, un buen trabajo que le gusta y donde le valoran. Pasa 11 horas fuera de casa, 11 horas que yo paso sola con el niño, pero el vuelve feliz de la vida. Y yo me alegro por él, porque si es feliz, todo fluye mucho mejor. Al fin está a gusto en España, y parece que la época de horror que nos perseguía cuando llegamos ya ha terminado. 

Por tanto, visto lo visto, no tengo derecho a quejarme. Todo lo que quería lo hemos conseguido. Hace un año hubiera matado por tener lo que tengo ahora. Vivo mucho más tranquila y al fin duermo por las noches (no era culpa de mi hijo, era culpa del estrés), pero no me río. No me levanto con ganas. Todo me cuesta un mundo. No me apetece ver a nadie porque no me siento orgullosa de mi misma. Si leo post de hace un par de años, no me reconozco. Y me jode, me jode un montón, porque yo no quiero ser así. 

Así que este año solo voy a pedir una cosa. Que el 2016 me traiga de vuelta mi "muchedad". Que mi camino vuelva a ser mío, y que solo yo decida por donde continúa. Y que Murphy me visite, aunque sea para tomar un café. 

Deseadme suerte. Feliz año. 

viernes, 13 de noviembre de 2015

Gané



Cuando vinimos a España, si alguien me llega a decir que iba a tardar 25 meses en legalizar a mi marido, hubiera pensado que me estaban gastando una broma. 

La historia ya la sabéis, y es cierto que finalmente conseguimos un NIE temporal por un año, por padre de un niño español. Pero no es el que le correspondía, renovar cada año no era una opción (es un pastizal entre tasas y abogados), e incluso Tarek perdió una oferta laboral porque "tu NIE dura poco". 

En mayo, cuando yo ya fui oficialmente autónoma y la tienda estaba a punto de abrir, decidimos empezar el proceso para pedir el NIE por familiar de ciudadano comunitario, que es el que realmente le corresponde, y que dura 5 años. Conseguimos cita para el 11 de junio, el mismo día que inauguramos la tienda, y pese a que en Madrid caía el diluvio universal y que nos echaron de la comisaría porque "el niño llora y molesta" (una hora de coche, una hora de espera... como para no llorar), ese tenía que ser un gran día. Todos los papeles entregados, en 20 días más o menos tenéis la resolución. 

Lo que llegó a casa no fue la resolución, fue una petición de extranjería de ampliar la documentación. Perfecto, mi abogado me saca otro certificado de matrimonio del registro civil, el asesor me hace la declaración trimestral de IVA más rápida de la historia, y se supone que con eso tenemos todo solucionado. El 3 de agosto, a 2 días de que a Tarek le caducara el NIE que ya tenía, tenemos notificación. NIE denegado por falta de documentación. 

Lloré, grité, pedí ayuda donde supe, llamé mil veces al abogado, y hasta a extranjería, donde muy amablemente me dijeron que si eso ponía es que algo faltaba, y que para saber qué era exactamente me esperara a la carta que te mandan. Y que si la carta tarda un mes y a mi me urge, que me joda. Todo muy bonito. 

La carta "solo" tardó 10 días. Que la documentación del matrimonio no es válida. Es decir, un papel del registro civil español, sellado por triplicado, no es válido. Mi abogado presenta una alegación, demostrando que el papel es perfectamente válido y está entregado en plazo. Entre tanto, a esperar. Y como Tarek está sin NIE, toca renovar el que tiene. La broma se llama 100 euros en tasas, así que toca cruzar los dedos y esperar a que aprueben la alegación antes de que me toque pagar por un NIE que ni queremos ni necesitamos. 

Un 11 de septiembre, cuando yo ya ni miraba la página web de extranjería para no llevarme un disgusto, llega el cartero. "Cruza los dedos por mi, porque pueden ser muy buenas noticias, o una mala broma muy cara". Creo que pese al ruido del motor de su moto, oyó el grito que pegué mientras corría por el jardín. Que si, que tenemos razón, que la documentación estaba bien y entregada en plazo. Que Tarek ya tiene NIE. Y yo gané la partida. 

Desde entonces, un mes para conseguir cita para hacerlo (cola infernal incluida) y otro mes para recogerlo. Hoy, 13 de noviembre, tengo un bebé de 18 meses y un marido que viene de camino a casa con la flamante tarjeta que acaba de recoger. Cuando llegué a España estaba apenas de 11 semanas. Sin comentarios. 

Lo dicho, he ganado. He ganado 5 años de paz y el corregir una injusticia. Pero me queda la espina de que esta ley injusta siga en vigor. He dicho ya que me muero porque llegue diciembre?

miércoles, 30 de septiembre de 2015

El terro y la tribu


En pleno subidón post parto pasé meses hablando en este blog  de lo encantada que estaba con PF, lo fácil que me lo ponía todo y lo feliz que me hacía. Y un día dejé de hacerlo. 
Por un lado, se que el tema os cansaba. Por otro, vino la mudanza y la apertura de Cool and Carry y no fue precisamente la época más relajada de mi vida. Y por otro, porque mi adorable y precioso bebé al que me podía llevar hasta a Suiza a dar una charla se ha convertido en un miniterrorista en potencia. 

Siendo sinceros, el 50% del tiempo es para descojonarse. Tiene cierta gracia verle escalar sobre el lavavajillas, comerse un billete de 10 euros, o perseguir a los perros como si no hubiera mañana. También es un cuadro ver sus caras de bicho, oír sus carcajadas por cualquier cosa, y flipar con su última ocurrencia. Aburrirnos no nos aburrimos. 

Pero PF es un niño exigente. No es un niño de alta demanda, ni mucho menos, pero es agotador. Se que queda precioso decir que el niño tiene una curiosidad innata y una perserverancia envidiable, pero eso traducido a la realidad necesita una madre con una capacidad física como para correr una maratón en las olimpiadas. 

Si con 8 meses pensaba que el mayor de mis horrores era tener que sacarle del cuenco del agua de los perros unas 10 veces al día, a día de hoy estoy curada de espanto. He visto a mi hijo sacar cuchillos del lavavajillas, tocar la batería con las ollas, colarse entre los barrotes de la escalera de caracol y subir hasta el ático, saltar del sofá por el respaldo cuando todavía no andaba, escalar escaleras de piedra, ponerse de puntillas sobre minisuperficies dignas de un equilibrista o meterse en la ducha vestido (juro que solo me giré a por un pañal). De las veces que ha aporreado mi teclado (bloqueo de contraseña incluído, a media hora de tener que hacer un pedido para más inri), sacado todo el contenido de mi cartera, jugado con los enchufes, etc. mejor no hablamos. 

Cualquier otra madre estará subiendo una ceja y pensando "coño, pues no le dejes, distráele con otra cosa". Los cojones. Si se empeña, se empeña, da igual lo que le saques, lo que le enseñes o a donde te lo lleves, que él volverá. Hasta que se canse. Una y otra vez. O hasta que lo quites de su alcance y llore a berrido limpio y tu te sientas como una mierda porque eres incapaz de manejar las cosas con más mano izquierda. 

Me encanta oírle reír a gritos, pero cuando esos gritos son de exigencia, de queja, de "lo quiero ya"... me desesperan... He pasado horas oyendo esos gritos de forma constante, por todo, sin pausa, subiendo el tono cada vez más al ritmo que mi paciencia baja... y al final he gritado yo. Y me he sentido como el culo. 

Me encanta portear y llevarle en brazos. Excepto cuando esos brazos se convierten de nuevo en exigencia porque no perdona no verte cocinar, con el peligro que eso conlleva. Excepto cuando quiero ir al baño. Excepto cuando llevo ya tantas horas a pulso que me duele todo, y algo dentro de mi se rebela pensando que su exigencia de que le coja no puede estar por encima de mi dolor de espalda. Y me cabreo, y le suelto, y llora, y yo me cabreo más. Y me siento como el culo de nuevo. 

A veces tengo, o necesito, hacer otras cosas. Pero el no quiere distraerse, o no quiere jugar, o no se quiere ir con su padre, o quiere teta. Ahora, ya, de pie, haciendo el pino, o apoyando sus 11 kilazos sobre mi pecho justo cuando estoy con anginas y me cuesta respirar. Y entonces empieza la temida agitación del amamantamiento y acabo quitándole hastiada diciendo que no me toque. El caso es que con 16 meses y medio ya se da cuenta que algo pasa. Y lo sufre. Y yo también, pero el rechazo en ese momento es más fuerte. Se que mi forma de combatirlo es calmarme y distraerme, pero no siempre puedo. 

Y todo esto, cuando tu marido pasa 12 horas al día fuera de casa y tu madre te ayuda en lo que puede pero te siguen faltando horas, se hace muy cuesta arriba. Hasta el punto en el que te agria el carácter, no te reconoces, y te preguntas quien es esa loca desquiciada con cara de estrés que te mira desde el espejo con las cejas sin depilar. Tu, que antes era difícil encontrarte en casa y ahora apenas te atreves a salir de ella porque con el terro es casi misión suicida. 

Tras una semana particularmente complicada, cuando ya tenías dudas de si volverías a atreverte a cruzar las fronteras de Mordor en lo que queda de mes, le echas el par de huevos que te queda por ahí guardado y te marchas a un nuevo grupo de crianza, que te pilla cerca y las chicas que lo llevan son la mar de majas. Y aunque vas sin intención ninguna más allá de no pasarte el día gritando "PF deja eso", cuando te toca presentarte empiezas a hablar.....

Recuerdas como durante el embarazo tenías la sensación de que ese ser que te habitaba dentro era más fuerte que tu. Y te das cuenta de que 16 meses después, efectivamente, siempre ha sido así. Es más fuerte, más excepcional, más energético... de lo que tu sabes manejar. Y aunque le admiras, le adoras, y sabes que tienes una suerte enorme de tenerle a tu lado... reconoces que te supera. Te supera mucho. Y lloras un mar de lágrimas reconociendo lo muchísimo que te duele tener la sensación de que no eres capaz de lidiar con un enano que no tiene ni año y medio. 

Ahi me di cuenta de lo que significa la palabra tribu. Que la tribu no son aquellas mujeres con las que cotilleas sobre el nuevo hospital de tu zona o destripas el último portabebés del mercado. Que eso de tener apoyo no significa solamente que te sujeten al bebé 5 minutos mientras te lavas los dientes. El sentido más enorme, más especial, más auténtico de la tribu son esas mujeres que te hacen llorar, te dejan soltarlo todo, te escuchan, y saben decirte, solo contando su experiencia, que te entienden. Y que no eres una mala madre, solo eres una persona. Y que podrás. 

Y gracias a ellas, a las cuales en su mayoría no habías visto en la vida, vuelves a casa con el alma un poco curada, la cabeza con menos ruido y la espalda un poco menos dolorida. Porque ellas te han dado apoyo, te han dado ánimos, te han dado un poco de vida. 

Empieza otra semana y sabes que esta será mejor, que vas a poder. Efectivamente, gritas menos, te desesperas menos, ves las cosas desde otro punto de vista. Te ríes más a carcajadas y dices menos "deja eso". Cuando te acuestas tras un buen día las recuerdas y les das las gracias, cuando fallas las recuerdas también y sabes que puedes con esto y más. Y es que esas mujeres que no conocías, en 2 horas de un viernes te curaron muchas heridas como solo una tribu sabe hacerlo. 

Tengo un miniterro. Me desespera, pero le quiero.