jueves, 31 de diciembre de 2015

Mi muchedad


Llevo semanas planteándome si venir a hacer un balance de fin de año o no. Por un lado, porque dudo mucho que quede alguien que lo quiera leer, y por otro porque me gustaría acabar este año de otra forma. 

Lo reconozco, me cuesta mucho pasar por aquí. Es cierto que por un lado es falta de tiempo, pero por otra, es falta de humor. Este rincón, que ha servido para desahogarme y reirme a partes iguales, nunca pretendió ser un sitio serio. No quiero venir aquí a quejarme, ni a contaros un día a día que apenas tiene ciertos tonos de gris. No quiero entradas insulsas, ni quiero escribir por escribir. 

Llevo meses intentando indagar qué me pasa, intentando descubrir el problema, Será que Murphy me ha abandonado y le echo de menos? Será que no estoy hecha para la vida en Mordor? Será que el día que me hizo volver a España me ha cambiado para siempre? Será que no sirvo para ser madre a tiempo completo? No lo se, lo único que se es que las veces que me río con ganas ya no son habituales, son una excepción. 

Lo de madre a tiempo completo suena a broma. Tengo un negocio, sigo dando clases, tengo una casa que mantener y un niño al que cuidar. De hecho, me paso el día, literalmente, trabajando. Y me gusta lo que hago, me gusta asesorar, me gusta estar en casa y cuidar de mi hijo. Pero me falta la adrenalina. Me falta ser adulta. Me falta la música. Me falta vivir. Me falta tanto, que ayer volví a escuchar música en un equipo en condiciones, descubrí acordes de teclado en los que no había reparado hasta ese momento, y me puse a llorar. Creo que solo alguien muy friki puede entender algo así. 

Si mi hijo no me hace feliz? Por supuesto que si. El bicho es cariñoso y divertido como el solo, hace un mes ha empezado a comunicarse con más claridad (sigue sin hablar) y es para troncharse de la risa. No puedo quejarme ni un solo segundo de lo que me ha tocado en el mundo de la maternidad. Tengo un hijo guapísimo, listo, cariñoso, que come bien, que duerme bien y que no se pone malo casi nunca. Un chollo, vamos.

Respecto a Tarek, tampoco tengo derecho a queja. Ya tiene su NIE, ya tiene trabajo relativamente estable, un buen trabajo que le gusta y donde le valoran. Pasa 11 horas fuera de casa, 11 horas que yo paso sola con el niño, pero el vuelve feliz de la vida. Y yo me alegro por él, porque si es feliz, todo fluye mucho mejor. Al fin está a gusto en España, y parece que la época de horror que nos perseguía cuando llegamos ya ha terminado. 

Por tanto, visto lo visto, no tengo derecho a quejarme. Todo lo que quería lo hemos conseguido. Hace un año hubiera matado por tener lo que tengo ahora. Vivo mucho más tranquila y al fin duermo por las noches (no era culpa de mi hijo, era culpa del estrés), pero no me río. No me levanto con ganas. Todo me cuesta un mundo. No me apetece ver a nadie porque no me siento orgullosa de mi misma. Si leo post de hace un par de años, no me reconozco. Y me jode, me jode un montón, porque yo no quiero ser así. 

Así que este año solo voy a pedir una cosa. Que el 2016 me traiga de vuelta mi "muchedad". Que mi camino vuelva a ser mío, y que solo yo decida por donde continúa. Y que Murphy me visite, aunque sea para tomar un café. 

Deseadme suerte. Feliz año.