martes, 10 de mayo de 2016

La tormenta



Mi tormenta no ha terminado. Ahí sigue. Tras haberse convertido en algo muy semejante al Huracán Katrina, que casi arrasa con todo, va amainando. Digamos que está como el cielo madrileño de hoy, gris panza de burro. Pero ya hemos dado un paso importante respecto a la última vez que me pasé por aquí, y es que sabemos que ha habido una tormenta. 

Sabemos que desde el 14 de agosto de 2013 hay una herida que no cicatriza. Y que se reabre cada poco tiempo, porque hay muchas cosas que vi venir, que predije, que temí... y que veo que se convierten en realidad. También sabemos que los matrimonios que han pasado juntos por semejante mierda a veces tienen que destruirse mutuamente para poder reconstruirse. 

Sabemos que las colas en asuntos sociales, en extranjería y en mil sitios que nunca habría querido pisar te hacen desconfiar del mundo de por vida. 

Sabemos que la montaña es un sitio maravilloso en verano pero duro en invierno. Y que a mi el aislamiento a lo mejor no me viene tan bien como pensaba. 

Sabemos que aunque soy incapaz de separarme de PF, antes o después tengo que salir de casa a hacer algo. 

Sabemos que pasar 11 horas al día sola con un niño y 2 perros es duro de pelotas. Y si tienes 3 trabajos a la vez, más. 

Sabemos que un embarazo chungo a nivel físico y mental a veces es complicado de superar. Que pensar que seguro que fue casualidad y que el siguiente será mejor era, llamémoslo así, optimista. Ahora se que tener 2 exactamente iguales te da ganas de meterte en una cueva y salir allá por invierno. 

Pero también se que ni mi marido, ni PF que cumple 2 años mañana, ni su herman@ que nacerá a finales de Octubre se merecen que su madre no luche por salir de la tormenta. 

Y hasta aquí el tema, de momento. Mañana volveremos a las cosas bonitas y agradables de la vida, como el cumple de PF, o lo tremendamente hasta las narices que estoy de vomitar. 

Me voy a comprar un chubasquero.